El vicepresidente dijo que los negociadores de EE.UU. no serán receptivos a juegos, mientras el canciller iraní habla de "profunda desconfianza".
Antes de abordar su vuelo a Islamabad, el vicepresidente JD Vance lanzó una advertencia contundente a Teherán: "Si van a intentar manipularnos, van a encontrar que el equipo negociador no será receptivo." Trump amplificó el mensaje desde Washington, publicando que los funcionarios iraníes "no tienen cartas" que jugar después de seis semanas de guerra que han paralizado su infraestructura militar y dejado la economía del país estrangulada por las sanciones. El tono fue inconfundible — Estados Unidos llegó a Pakistán proyectando fuerza, no desesperación.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní Abbas Araghchi respondió que Teherán entra a las conversaciones con "profunda desconfianza", señalando que Estados Unidos atacó a Irán durante rondas anteriores de negociaciones indirectas. La delegación iraní también incluye a Ali Akbar Ahmadian, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, y al gobernador del Banco Central Abdolnasser Hemmati — una alineación que señala que Teherán está preparado para hablar de economía y seguridad simultáneamente. Ghalibaf, quien lidera la delegación, escribió en redes sociales que Washington se había comprometido previamente a descongelar los activos iraníes y a asegurar un alto el fuego en el Líbano — promesas que pretende hacer cumplir a los estadounidenses.
Los dos planes de paz rivales ahora sobre la mesa revelan cuán lejos siguen estando las partes. EE.UU. quiere desarme nuclear, rutas marítimas abiertas y restricciones al programa de misiles iraní. Irán quiere soberanía sobre Ormuz, el fin de todas las sanciones y la retirada militar estadounidense de Oriente Medio. Notablemente, las versiones en persa e inglés de la propuesta iraní difieren en la cuestión crítica del enriquecimiento de uranio — una discrepancia que podría ser ambigüedad diplomática o una trampa. Vance tiene días, no semanas, para encontrar un terreno común antes de que el alto el fuego de dos semanas expire y la presión para reanudar las hostilidades se vuelva abrumadora.