Teherán exige autoridad sobre el estrecho de Ormuz con tarifas de tránsito, un alto el fuego total Israel-Hezbolá y la liberación de fondos congelados.
Los negociadores iraníes llegaron a Islamabad con una propuesta de 10 puntos que se lee menos como una oferta inicial y más como una declaración de soberanía. En su núcleo, Teherán exige autoridad reconocida sobre el Estrecho de Ormuz — incluyendo el derecho a cobrar tarifas de tránsito a cada barco que pase — junto con la liberación inmediata de miles de millones en activos iraníes congelados en Qatar y otros bancos internacionales. El plan también pide un alto el fuego completo entre Israel y Hezbolá en el Líbano, vinculando directamente el conflicto regional más amplio a cualquier acuerdo que surja en Pakistán.
Estados Unidos respondió con su propio marco de 15 puntos, que adopta un enfoque fundamentalmente diferente. Washington quiere que Irán entregue o destruya su arsenal de uranio altamente enriquecido, acepte restricciones permanentes a su programa nuclear y reabra el Estrecho de Ormuz incondicionalmente y sin peajes. El plan estadounidense también exige límites a las capacidades de misiles balísticos de Irán y la retirada del apoyo iraní a las milicias proxy en toda la región — condiciones que Teherán ha tratado históricamente como inaceptables.
La brecha entre las dos propuestas es enorme, pero ambas partes acordaron usarlas como base de negociación en lugar de abandonar la mesa. Las versiones en persa e inglés del plan iraní ya divergen en la cuestión crítica del enriquecimiento de uranio — una discrepancia que podría ofrecer margen de maniobra diplomática o convertirse en una mina cuando se martillen los detalles. Lo que está claro es que ninguna de las partes vino a Islamabad esperando un apretón de manos rápido. Será una negociación exhaustiva, cláusula por cláusula, con el reloj del alto el fuego corriendo de fondo.